sábado, 11 de julio de 2015

El futuro de la ROSS

La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) ha finalizado un ciclo y se prepara para una nueva etapa que ofrece muchas inquietudes a sus seguidores. El proceso de elección del nuevo director ha sido convulso. La discrepancia entre las administraciones y la postura de los músicos forzó la salida de Pedro Halffter. Con el beneplácito de algunos políticos, y de los propios músicos, se ha incorporado John Axelrod. 

Halffter se marcha de la ROSS con el aplauso casi unánime de los aficionados. Así se ha podido comprobar en los dos últimos conciertos con Chaikovski y Beethoven como protagonistas. El plebiscito que significa la ovación mantenida durante largos minutos era tanto de agradecimiento como de desagravio ante lo que muchos han considerado que es un maltrato a su figura musical. Es cierto que en una salomónica decisión, Halffter seguirá en la dirección artística del Teatro de la Maestranza, pero se ha creado un clima poco favorable, como se ha podido comprobar al quedar excluido el director madrileño de toda la programación de la próxima temporada de la ROSS. Se trata de una revancha que puede incluso considerarse como una victoria pírrica para los profesores de la orquesta, aunque encierra que existe un enfrentamiento abierto entre la actual dirección de la ROSS y Halffter. 

El nuevo director ha elaborado la programación de la nueva temporada. En esos casos siempre es necesario esperar los resultados. A priori, en la programación hay guiños a la música española, algo bueno, algunas obras de gran calado y otras de menos entidad. Será preciso esperar para hacer un juicio sobre esta nueva etapa. Por cierto, se mantiene un concierto en fechas tan poco indicadas como el jueves y el viernes de la Feria de Abril. Supone un grave desconocimiento de la realidad sevillana ofrecer conciertos en fechas tan señaladas. Ya sucedió en esta pasada temporada, incluso con el agravante de que ello ocurrió con conciertos muy apetecibles. En esta ocasión se proyectará una película con la música de Carmen. Es un atropello porque muchos abonados no podrán asistir. Si hubiera seriedad se les devolvería el dinero a quienes no acepten esas fechas como días de concierto.

En suma, la ROSS ha logrado un alto nivel de calidad bajo la dirección de Pedro Halffter, que no podrá seguir su labor en contra de la opinión de muchos aficionados de Sevilla. Solo queda esperar que nadie se arrepienta de ello y que la orquesta siga al mismo, o mayor, nivel. Si con Axelrod se alcanzan mejores prestaciones, los amantes de la música en Sevilla lo aplaudiremos. De momento no ha gustado que haya eliminado a su antiguo director entre los que se pongan al frente de la formación este próximo año. Es decir, que comienza con pequeñas venganzas. No es buen comienzo.

martes, 14 de abril de 2015

La Victoria de los sevillanos

Será el calor, será el cansancio, será lo que sea, pero las calles de la ciudad se despoblaron de las masas para dejar a quienes buscaban el momento de la emoción más personal en cualquier calle o rincón de la urbe. Algunos dicen que la gente se ha ido a la playa porque el tiempo es muy bueno. Y me pregunto que dónde están los que consumen la mercadotecnia de la Semana Santa durante todo el año, que ahora que llegan jornadas como la del Jueves Santo dejan la ciudad al alcance de unos cuantos sevillanos. Mejor así. La experiencia de volver a seguir el palio de la Virgen de la Victoria por Temprado hasta El Postigo supera todos los programas de televisión y las cientos de páginas que nos acribillan durante el resto del año. 

Todo es tan perfecto en el palio que los sentidos quedan paralizados y deslumbrados ante tanta belleza. Es el propio palio de cajón, donde el paso de los años refleja la solera de una corporación diferente. Es el exorno floral, la orfebrería, los faldones con el escudo real, el manto, todo es una sucesión de gozos que rodean a la Señora de Las Cigarreras. 

Sonaba La Sagrada Lanzada, una joya de la Semana Santa más antigua, compuesta por Manuel Font,  el padre de Font de Anta, cuando las miradas se concentraban en la Virgen más serena de las que salen en nuestra Semana Mayor. Es su palidez moderada, es la tristeza de una expresión que en el sufrimiento quiere mandar consuelo, es ese surco de ojeras que más que venir del llanto parecen que llegan del dolor contenido de ver al pueblo a su alrededor. Es la Victoria para paladares del mejor gusto. Es la Victoria para una Sevilla con pocos sevillanos. Ahí se rompen los esquemas. Una joya que fue mecida por las calles de la ciudad sin ningún tipo de algarabía, tampoco había bullas ni empujones, fue  placentero en una tarde en la se volvió a poner de manifiesto con claridad meridiana lo que es el palio de una virgen dolorosa.  

Había pasado el misterio de la Sagrada Columna y Azotes con esos sayones con túnicas y plumas negras que no acaban de gustar a todo el mundo. En El Postigo, la banda de Las Cigarreras tocó La Carretería. En las filas de nazarenos, señal de que el buen gusto llega a todas partes, caminaba un joven chaval de Madrid con su cirio doblado por los efectos del calor acompañado por sus padres Laura y Eduardo, que no quieren que el muchacho pierda los vínculos de la ciudad materna.

Los Negritos bajaron a la Carrera Oficial por la Cuesta del Rosario. Este cambio es una buena noticia para la Hermandad porque es un camino más cofrade. A la carrera se pierde el palio de la Virgen de las Lágrimas por Orfila, luego ya en la Alameda la tarde se vino arriba con el calor del pueblo arropando a Montesión. Fue un Jueves más tranquilo que otras jornadas. La Quinta Angustia, El Valle y Pasión, palabras mayores, cerraron la antesala de la gloria de la Madrugá.   

El templo de los toreros

Algún torero que está anunciado en la Feria de Sevilla se manchó ayer los zapatos de albero en la plaza de toros, lo mismo que le ocurrirá el día 15 de abril. Alfonso Oliva Soto acudió temprano a su cita anual con la Piedad del Baratillo, que desde hace ya varios años forma los tramos sobre el piso plaza donde en breve se lidiarán toros bravos. Oliva Soto es un torero cofrade. Se une así a esa larga lista de coletudos que desde hace dos siglos salen vestidos de nazareno en algunas Hermandades. En la tarde de ayer hicieron estación de penitencia la de San Bernardo y la del Baratillo, las más taurinas. La primera, por su cercanía al matadero, que fue escuela taurina para muchos y concentró a famosos toreros en sus filas, desde Cúchares a los Vázquez. La segunda es torera porque linda con la plaza y su capilla recibe los aromas de las grandes tardes
en el coso del Baratillo

Hasta en estas cosas ha cambiado todo. En estos tiempos hay pocos toreros cofrades, casos muy contados, pero todo ello entronca con la realidad del toreo sevillano de nuestros días. Algunos toreros no acuden a salir a las hermandades de penitencia ni tampoco quieren pisar el albero para lidiar toros. Han huido de la ciudad, de su plaza y de sus templos. 

El Baratillo volvió a pasear por el Arenal sevillano en una escena ya vivida durante medio siglo. El tiempo parece detenido, la casa de los sueños infantiles sigue enhiesta, el balcón lo preside todo y solo las ausencias nos vuelven a la realidad.

En las filas de los penitentes marchaba alguien muy especial. Estrella Yun, nacida en China, llegada a Sevilla con ocho meses por el amor de sus padres Paco y Alicia, que ayer mismo cumplió dieciséis años. Yun que es sevillana por los cuatro costados domina la lengua china a la perfección. Ayer celebró sus cumpleaños debajo de la túnica del Baratillo.   

Todo había comenzado con el cortejo de la Sed por la Encarnación (por no mentar a las Setas). Es cierto que el calor era excesivo, es verdad que el camino es muy largo, también que es una cofradía con infinidad de niños en sus filas, pero eso tampoco puede justificar que en algunos momentos hubiera más costaleros, músicos y nazarenos en los bares colindantes que en las filas de la procesión. Han pasado cuarenta años de aquellos Viernes de Dolores en San Juan de Dios con el Cristo de la Sed recién tallado por la gubia de Álvarez Duarte. Fue necesario esperar para ver el barquito que estrena en su mano la Virgen de Consolación. 

A esas horas tempranas de la tarde, el caminante observa detalles que no entiende, como el de un joven nazareno del Carmen Doloroso en la Calle Cuna sin el antifaz departiendo con la familia. Cuando San Bernardo baja por Cuna hay que volver al sitio recóndito y señorial de las primeras horas del Miércoles Santo. La Cruz de Guía del Buen Fin estuvo detenida media hora en la calle Eslava, pero esa espera mereció la pena para ver de nuevo al crucificado pasar por delante de San Lorenzo y ante el Gran Poder. La tarde más torera en la que pocos matadores ejercen de cofrades quedó recompensada a los sones de la Centuria Macarena. Fue, un año más, un momento único.

Cofradías familiares

En asuntos de Semana Santa no hay pensadores con visión de futuro. Que algunas Hermandades crezcan, como la Macarena, es algo que todos entienden, pero pocos se han puesto a calibrar hasta dónde pueden llegar las modernas cofradías de barrio. Al ver a los del Cerro, que ya se acercan a los mil nazarenos, y acordarme de los más de mil quinientos que  sacó la del Polígono el martes, todo apunta a que ese crecimiento debe proseguir dadas las características de la población en las que asientan estas corporaciones. Y si crecen, como se presiente, pueden llegar a cifras insoportables para el Lunes y el Martes de la Semana de Pasión.

El Martes es un día con muchos matices familiares. La vivencia se hizo presente con la Hermandad de San Esteban. Ya por la calle Cuna el cortejo estaba diezmado con multitud de madres cargadas de bolsas llevando de la mano a pequeño acalorados, antifaz remangado, expresión al borde de la congestión, en busca de aire fresco y líquidos para el cuerpo. Esa sensación de familiaridad se hizo intensa en la Cuesta del Rosario delante de la Virgen de los Desamparados. Mirando desde el templete del Cristo del Amor hacia arriba, la visión fue la confirmación de que en esta cofradía salen más familiares de los nazarenos que penitentes en sí mismo. Como detalle, al que no me atrevo a calificar, toda una familia de más de diez miembros con dos chavales vestidos de nazarenos se hacían fotografías delante del palio. La de San Esteban es una cofradía muy familiar.

La Virgen de los Desamparados llegó al Salvador y allí sonó una vez Macarena de Abel Moreno, que también es de las marchas que más se escucha estos días por los rincones de la ciudad. Abel Moreno, para quien en su día reclamé un trono, sigue reinando en Sevilla. Hoy mismo recomiendo La Madrugá que le tocarán a la Virgen de la Caridad del Baratillo en el Alcázar. 

La tarde comenzó a derretirse en la puerta ojival de Omnium Sanctorum en la calle Feria. Al ver la cruz de guía dispuesta a comenzar la estación, fue inevitable recordar aquella ocasión en la que esa misma cruz se echó adelante a pesar de que la ciudad se anegaba con una densa cortina de agua. De aquella lluvia feroz a la ferocidad de un calor tórrido que obligó a los presentes dejar amplias zonas vacías, precisamente donde no alcanzaba la sombra. La saeta al Cristo de las Almas fue acogida de forma calurosa, no era para menos.

Por el Postigo del Aceite bajó el Cristo de la Buena Muerte. Habíamos alcanzado a ver la salida por la puerta principal del Rectorado de la Universidad y llegar a una calle San Fernando limpia de catenarias. Además de los estudiantes, una legión de niños vestidos de monaguillos camina delante de ambos pasos. Son futuros estudiantes que ya hacen el camino de la Buena Muerte. 

La tarde nos tenía reservado un regalo incomparable. Ayer pasearon por Sevilla dos señoras de belleza inigualable, la de la Encarnación y la del Dulce Nombre. Solo por ello, el Martes Santo es punto y aparte.




viernes, 3 de abril de 2015

Las mujeres del Cautivo

Como no puedo contarlo porque sucedió pasada la medianoche, debo contarles que me fui un año más a ver El Museo por el  Andén del Ayuntamiento, lo mismo que hacía cuando era un chiquillo. Todos los años el nazareno andante hace le propósito de cambiar los itinerarios, pero al final vuelve siempre a los mismos escenarios. Y cuando escucha Amarguras varias veces en la chicotá eterna delante de la Casa Mayor se siente reconfortado, piensa lo que se hubiera pedido si no asiste a la cita de todos los años y se promete que en otra ocasión habrá de acudir a ver otra cosa, por mucho que al final acabe siempre en el mismo sitio.  

La tarde nos llevó pronto al ver Santa Genoveva a la salida del Parque, el Cautivo por el foso de la Universidad y la Virgen perdida en la maleza del Parque. La cofradía a esas alturas marchaba desmantelada. El diputado de un tramo con tres o cuatro nazarenos, que portaban dos o tres cirios, se esforzaba para poner cordura al asunto: “Vamos a caminar con pausa, que media cofradía está en el servicio”.  La calle Palos de la Frontera es la cruz de esta cofradía. El Cautivo la cubrió en dos chicotás a marcha de tambores. Detrás del Señor caminan las mujeres, todas juntas, mirando al Cautivo. El calor africano les ha llenado la cara de sudor que se mezclan con lágrimas. Cien mujeres, y algunos hombres entre ellas, caminan detrás del Cautivo. No pierden la compostura ni necesitan desmantelar sus filas para ir al servicio. Reconozco a una de ellas, me mira y trata de esbozar una sonrisa. Me acerco y le pregunto cómo va la procesión. “Bien”, dice con voz entrecortada. Le pregunto si ha visto al Rey en la Plaza de España y contesta: “Mi Rey del Lunes Santo es el que llevo aquí delante”. Y sigue caminando detrás del Señor. 

Si mérito tiene la de Santa Genoveva, qué se puede decir de la del Polígono. Por la calle Tetuán se dirige a la Carrera Oficial el otro Cautivo de la tarde del Lunes, que también lleva mujeres detrás del misterio. La cuadrilla de Zambrano se esmera en lucirse, todo es un esfuerzo ímprobo, cuánto mérito tienen estas Hermandades de los barrios. 

Se puede llegar a ver el paso del misterio de la Redención delante de la capital de Los Panaderos en la calle Orfila. Es como una disputa de olivos. Dentro, en el misterio del Prendimiento, otro olivo contempla el paso del que lleva este misterio del Beso de Judas. Asoma la Virgen del Rocío por Laraña. Aún leva el manto sin bordar pero será por poco tiempo. El año venidero lucirá uno de estreno. La banda de Olivares de Las Nieves toca de seguido Virgen de los Negritos, de Pedro Morales, y Esperanza de Triana, de Farfán, es decir, canela pura en marchas procesionales.  

Ya en la Campana todo se vuelve intenso. En el palquillo está Felipe VI. Pasa la Virgen del Rocío. Canta Manolo Cuevas, el de Osuna, una saeta inmensa que finaliza con aquello de “y viene a verte hasta el Rey de España”. Todo se viene abajo. En medio de la algarabía pienso por dónde andarán ahora las mujeres del Cautivo. 

jueves, 2 de abril de 2015

La primera bulla

Todo es igual y nuevo al mismo tiempo. El Domingo de Ramos es el día en el que se estrena todo. Es un día con una mañana con sabor a vísperas. Al salir a la calla se visitan los templos de las cofradías que salen en el día y de camino se visitan otras hermandades. La puerta de la Magdalena es un avispero, no tanto como la plaza del Salvador. En San Juan de la Palma las colas no tienen final. 

En la mañana, camino de San Julián, es reconfortante cruzarte con Joaquín Caro Romero, pregonero y poeta de Sevilla. Ya en la Iglesia de donde sale la Hiniesta, antes de llegar hay escenas que solo se pueden entender en Sevilla. En la calle Moravia, un chaval está asomado a una ventana mientras del interior surge la marcha procesional. El niño es la imagen de la ilusión. Algunos nazarenos de túnicas azules ya caminan hacia la iglesia. El calor lo funde todo. El aire se ha vuelto denso. 

A prisas hay que salir para ver la salida de Jesús Despojado. Y se consigue en Molviedro por muy poco. El año pasado me chocó la tipo de marchas que acompañan al paso de misterio. Me parece que Alma de Dios no es lo más indicado para este paso. En la entrada en La Campana de nuevo sonó la marcha. En fin, doctores tiene la Hermandad.

En la Alameda sonó otra vez la misma marcha, ahora en la versión de la Agrupación del Arahal. No es mi marcha preferida, pero allí, junto a las columnas, fue todo diferente. En la Hiniesta, además, toca la banda del Carmen de Salteras tras el palio. Son palabras mayores.  

Entre la cofradía del Arenal y la de San Julián hubo un momento para ver la Paz ya pasado el parque de María Luisa. Da igual verla en cualquier sitio. La Paz te deja una sensación de tranquilidad espiritual como pocas lo consiguen. La Hermandad del Porvenir sueña con la coronación, que llegará pronto. 

Todo ocurre por primera vez, otra vez, cada Domingo de Ramos. Se supone que ya los itinerarios están bien aprendidos, pero el caminante se mete siempre en la misma bulla. Son esos tapones que nadie sabe muy bien por qué se forma y que se deshacen sin que llegues a enterar cuáles fueron los motivos del atasco. Es la bulla en la que te sientes extraño porque parece que eres el único que camina contra la corriente. Todos van en la dirección contraria a la que sigues, de forma que piensas que estás equivocado. 

Disuelta la masa humana, hubo tiempo antes de enjaretar estas impresiones para llegar a la esquina de Correduría con Conde de Torrejón para ver el milagro de la Amargura. Fue la segunda bulla del Domingo de Ramos, vivida de forma intencionada para ver pasas lo más señorial bajo palio de la tarde. Allí mismo volvió a sonar Amarguras, siempre tan nueva para servir de bálsamo a una tarde asfixiante de clima, gente y emociones. Todo ocurrió ayer por primera vez y fue como siempre. Sevilla tiene sus principios anclados en su gente. 

sábado, 19 de abril de 2014

Sevilla íntima para la esperanza

En la amanecida del Viernes Santo, cuando aún la bulla y la algarabía no han cesado, en la calle Zaragoza parece como si hubieran colocado una barrera para alejar a todo el que acuda con intenciones diferentes a la posibilidad de estremecerse con la llegada del Cristo del Calvario. Es otra parte de la Sevilla íntima que perdura, y que pensamos que perdurará. Nada altera la serenidad. Es verdad que todo está consumado. El Calvario avanza con el contraluz de un sol que ya empieza a abrirse paso en la oscuridad.
 
Esta Sevilla íntima, tan alejada de esa otra que está logrando que la Semana Santa ya no se parezca a lo que siempre ha sido, perdurará. Contra la impostura basta una cofradía con elegancia y seriedad en la calle. Nada más íntimo y revelador que todo el cortejo de la Carretería. Es como si a esas horas las masas dormitaran de la batalla de la noche, de forma que por el Arenal se citan los mismos de todos los años, porque saben que por mucho que vuelvan a comprobar como anda una cofradía nunca se cansarán de admirar tanta elegancia y compostura. La Carretería es el símbolo de una Sevilla que mantiene sus raíces. El sevillano, que ya lo sabe, presencia su recorrido con respeto. Nadie se atreve a levantar la voz, cuando hay masificación, como ocurre a la vuelta en Temprado, Dos de Mayo y Rodo, nadie osa interrumpir la esencia antigua y eterna de una cofradía señera. Esa misma noche del viernes, cuando vuelve la Mortaja por Bustos Tavera, Sevilla acude a ser testigo de un rito no por muchas veces contemplado menos sobrecogedor. 
 
El Sábado Santo a primeras horas de la tarde le regala a la parroquia cofrade la salida de la cofradía de Los Servitas. La calle Dueñas y Santa Ángela son el escenario perfecto de la intimidad cofrade en su más pura esencia. No cabe ninguna destemplanza. El paso de la Piedad con Nuestra Señora de los Dolores camina a sones de Amarguras, en honor a la señora de San Juan de la Palma, que está allí muy cerca, mientras en el ambiente se oyen las respiraciones. Nada altera la paz profunda. Todos respetan el silencio fúnebre.
 
Y de pronto, hay que correr a ver a la Cofradía de El Sol. Si la tarde tiene tintes solemnes y de recogimiento, El Sol le imprime un carácter de verdad  y originalidad. Ese Cristo agarrado a su cruz es una llamada a la reflexión. Las túnicas de capa de ruán verde, únicas en la Semana Santa, anteceden a un palio con San Juan y la Magdalena y una Virgen del Sol ribeteada por los rayos del astro rey. Los respiraderos y varales de madera de cedro también son un motivo para recordar que no solo de plata deben vivir las cofradías. Entre los naranjos de las calles aledañas a la Plaza Nueva, con humildad, se dejó ver esta Hermandad del Plantinar.
 
Todo acaba. El cierre con la Soledad de San Lorenzo también nos mueve a pensar que todo no está perdido. El llanto de la madre en el día del luto por su hijo llegó a todos los rincones. Sevilla, la de siempre, tiene argumentos para que esta Semana Grande conserve sus valores eternos, que no están reñidos con la innovación.

viernes, 18 de abril de 2014

La suprema armonía de la Victoria

Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol… Ayer fue uno de ellos, Jueves Santo, lo que quiere decir que la Virgen de la Victoria salió a la calle de nuevo para recordarnos lo que es la perfección en un paso de palio. Todo es armonía, la Virgen y el paso. No hay nada mejor conjuntado en toda la Semana Santa. Es la imagen de la dolorosa un prodigio de naturalidad en la tristeza; es un canto a la belleza en la pena honda; es la mejor expresión de cómo podríamos imaginarnos a una madre a la que le han crucificado a un hijo. No cabe más serenidad en el lamento. Son sus ojos llorosos, su gesto desconsolado, su barbilla recortada, todo en la Victoria es perfecto.
 
Su salida a las calles de su barrio debería concitar una multitud para admirarla, Pero camina muy sola. Es cierto que el marco es poco agradable; ese puente de San Telmo y el Paseo de Colon no se hicieron para las cofradías. También el calor limpió la calle y dejó solo a los que tenían que estar para verla caminar hacia la Catedral. Muchos turistas y cuatro sevillanos que saben lo que encierra ese palio. Es la Virgen, claro está, pero la han rodeado de los adornos justos: un tocado de encajes que no tapa su belleza, una corona sin alardes, un rosario en sus manos, la candelería precisa sin velas rizadas y un palio de cajón que se mueve como llevado por los ángeles del cielo.
 
Muy sola caminaba por el puente, cuarenta grados al sol, pero con la frialdad de la ausencia de un barrio que no sabe lo que habita en la capilla de la Fábrica de Tabacos. No había sol terrible que le hiciera sombra, ni siquiera ese absurdo abandono de los que deberían estar a su lado, cuando la imagen comenzó a cimbrearse al final de San Telmo. Más de quince minutos estuvo parada cerca de la Torre del Oro hasta encajarla de nuevo. Nada importa cuando uno de esos palios que justifican toda una semana camina por las calles de Sevilla en su estación de penitencia. No le hace falta ninguna corona, ella misma lo llena todo con su presencia, no importa que el escenario del puente o la calzada amplia sea tan adverso, es la Victoria de Las Cigarreras, una obra divina a la que Sevilla le regaló el trono ideal para dejar sin respiración a quienes acuden a verla como el mejor sol del Jueves Santo.
 
La tarde estuvo marcada por el calor. Lo sufrieron con mayor intensidad los Negritos y la Exaltación, las primeras en poner sus pasos en la calle. El guión estaba escrito. Niños, padres, carritos, sillitas, agua y sudor hasta que el sol bajó para perderse por el Aljarafe. En Las Cigarreras se doblaron los cirios. El desajuste de la Virgen de la Victoria, me contaron, fue debido a la dilatación de las juntas de sujeción.
 
La Semana Santa de cada sevillano se llena de momentos mágicos. Cada uno cuenta el suyo como el ‘no va más’. En la noche del Miércoles Santo, junto a las murallas del Alcázar, viví uno de ellos. Ocurrió al paso de la Caridad del Baratillo a los sones de La ‘Madrugá’ de Abel Moreno, tocada por la banda del Carmen de Salteras. Es difícil encontrar algo más redondo. Fue mi momento mágico.

jueves, 17 de abril de 2014

Seis crucificados y una Piedad


Seis crucificados salen a la calle en la tarde del Miércoles Santo. También sale una Piedad. Salen más imágenes, misterios, nazarenos y dolorosas, pero la del miércoles es la de los crucificados. La mirada se ha llenado de la cruz, el símbolo del cristianismo, aunque el recuerdo vuelve siempre a un balcón del Arenal para seguir viendo la llegada de la Piedad por la calle Adriano. El monte de claveles rojos, el rayo de sol entre nubes tibias, una cara de niña dolorida y unas sábanas blancas conforman este día tan repetido en la vida del sevillano.

En la Alfalfa luce el Santísimo Cristo de la Salud. El cortejo de nazarenos de esta cofradía es interminable. Entre los más de dos mil penitentes, una legión de niños que aseguran un futuro que debe ya recibir algunas lecciones, como la de permanecer en las filas, no levantarse el antifaz o llegar a quitárselo sin ningún disimulo, a no comer ni beber cuando tan solo llevan dos horas en la estación penitencial. Hace calor, es cierto, pero son detalles que deben cuidarse, lo mismo que el calzado, algo que ya se ha señalado antes y que en San Bernardo también ofrece un variopinto colorido, muchos negros, algunos marrones y deportivas para no ser menos. Como lo de los guantes. ¿Llevan guantes negros los nazarenos de San Bernardo? Unos sí y otros no.

El Cristo de la Salud se ha detenido en la plaza con su marchamo solemne y piadoso. Los claveles sangre de toro van salpicados por golpes de lirios que embellecen un paso clásico en este día. Ha dado tiempo a acercarse a ver a la Virgen del Refugio en San Nicolás. Algún problema en los candelabros de cola retrasó el cortejo, pero sonó una vez más Candelaria delante de la Virgen del mismo nombre en la visita de la dorada Virgen del Refugio.

A toda marcha el gozo del cofrade callejero llega a San Lorenzo. Todo está medido en la plaza. Delante de la parroquia, los estandartes del Dulce Nombre y la Soledad. A la izquierda, la basílica donde vive el señor de Sevilla. También ha salido su estandarte para esperar el paso de la Hermandad franciscana del Buen Fin. La Hermandad pasa por el andén de San Lorenzo. Todo es orden y concierto. Hay gente en la plaza, ni mucha ni poca, la que tiene que estar en un momento tan delicado de esta jornada cofradiera. Los naranjos se han desprendido del azahar y Juan de Mesa sigue soñando la cara del nazareno. A este marco llega el crucificado del Buen Fin. El crucificado pasa, ya sin las imágenes del pasado,  y en la plaza queda el sabor de las cosas bien hechas, un olor a torrija y a piñonate y un recuerdo imperecedero.

Que me perdona la Virgen de la Palma, que también me eximan de culpa las otras cofradías, como el crucificado del Cristo de Burgos, pero tengo una cita y no sé si llegaré a tiempo. Lo consigo. Era el Miércoles Santo y uno, qué le vamos a hacer, no puede dejar de volver a mirar a esa Piedad que camina por Pastor y Landero. Quiero revivir una vida en unas cuantas ‘chicotás’. Es una hermosa Piedad en tarde de crucificados.

miércoles, 16 de abril de 2014

Prodigios sevillanos

El Martes Santo es un día de prodigios, ya de visiones maravillosas, ya en el aspecto físico. Solo así se puede entender que el cronista alcanzara a ver el paso de misterio de San Esteban en la calle Águilas, se acercara lo más posible al arco ojival de la Iglesia para sentir la salida de la Virgen de los Desamparados y al poco tiempo anduviera entre las filas de los nazarenos del Cerro del Águila por Hernando Colón, todo como paso previo a la llegada a uno de esos centros íntimos de la Semana Santa de Sevilla como es la plaza de la Contratación. Pero no es prodigio de quien escribe, mi compañero Manolo Grosso, junto a Anabel Moreno, anduvo por la misma senda, señal que la Sevilla de primeras horas de la tarde tiene citas ineludibles para el sevillano arraigado en lo más profundo de la ciudad, es decir lo que algunos llaman sevillanos rancios.

Ayer fue un día de bodas de plata. Veinticinco años de la primera salida del Cerro y otros tantos en los que uno acudía a la plaza de la Contratación a presenciar la vuelta del Cristo de la Buena Muerte. Antes era con la luz tenue de la atardecida, ahora con la luz brillante de las cinco en todos los relojes. No importa que vaya o venga, la imponente figura del Cristo de los Estudiantes sigue su senda a ritmo fijo y preciso, rompiendo los esquemas de la bulla, apabullando los sentidos, dejando un rastro de incertidumbre en las entrañas. Rodeado de estudiantes, cientos de ellos con la cruz, la talla de Juan de Mesa lo llena todo hasta dejar reducido a la nada lo que lo rodea.  
 
Decíamos que primero fue San Esteban por Águilas y la Cuesta del Rosario, cuando en lugar se subirla sus pasos lo que hacen es bajarla. Bulla de barrio, desorden ordenado en clara paradoja de cofradía en la calle, niños como seguridad de futuro y muchas madres cerca de la prole. Eso sí que es una penitencia, la de madres que se han cargado de agua y bocadillos, preparados con mimo por la mañana, como lo hizo mi amiga Loli Velázquez, para que su familia sintiera en todo momento el calor de la madre a su lado. Esa es otra penitencia sin papeleta de sitio.
 
En la Alfalfa, sevillanos con etiqueta. En su balcón, Álvaro Pastor que sigue escudriñando rincones de la Sevilla de siempre y disparando fotos sin descanso. Ya ha llegado el misterio de San Esteban la cruz de guía se ha metido en Cuna y la Virgen de los Desamparados no ha salido de San Esteban. Así que el cronista se marcha para ver un ratito al Cerro, que cumple veinticinco años de su salida, aunque el gozo de esta salida no tiene parangón después de quedarse en su templo durante un trienio. Por la calle Hernando Colón dejan la Catedral a un lado, esa misma a la que deberán volver para realizar su estación de penitencia. Abandono y Desamparo, un barrio ensimismado, un canasto de misterio embellecido y mucha devoción.
 
Queda ver a uno de mis iconos preferidos, la Virgen de los Estudiantes, María Santísima de la Angustia, que sale con su palio de crestería a la calle San Fernando para recibir un baño de sol intenso. De ahí, a San Benito. Gozo indescriptible de un Martes al que aún le quedaba el Dulce Nombre. Hay cosas que un sevillano puede contar.

martes, 15 de abril de 2014

Ojos verdes del Polígono


Me la encontré en la calle Tetuán y la miré para verle los ojos verdes. Era cierto, la Virgen del Rosario tiene los ojos verdes, como los tiene su hijo Cautivo que marcha por delante. Y en sus ojos he podido apreciar mucho amor, que no solo se desprende de sus pupilas, sino que se irradia a sus hijos que la acompañan. Al mirarle los ojos verdes se siente uno reconfortado, Es como una brisa alegre sobre un mar en calma que lo cubre todo. La Hermandad del Polígono salió antes del mediodía, el cansancio podía ser natural cuando a las cinco en punto de la tarde el palio se adentraba en la carrera oficial. Pero no había cansancio ni en los mayores ni en los pequeños. Cuánta dignidad me dijo una devota; era algo más que dignidad, era la grandiosa seriedad de una Hermandad en su estación de penitencia dejando en el ambiente un rastro de gran categoría.
 

En su camino, la del Polígono ha lanzado un mensaje de fervor con medida. Todo se puede mejorar, claro está. Por ejemplo, sería bueno que el calzado se uniformara en los penitentes. Había de todo, sandalias, zapatos, mocasines de colores y hasta deportivas. Un verdadero galimatías en los pies de los cofrades. Las plumas de los romanos son el estandarte del misterio. Álvarez Duarte ha dejado lo mejor de su gubia en las imágenes, pero hay que volver a la Dolorosa del Rosario. La banda de la Cruz Roja ha tocado Caridad del Guadalquivir, para luego lanzar a los cuatro vientos la maravillosa Candelaria de Manolo Marvizón, una marcha que gana calidad con el tiempo.

¿Qué puede sentir un maestro al oír su obra en la calle? Fue finalizar la composición y el maestro Marvizón apareció en la Plaza Nueva para ver pasar al Cautivo del Tiro de Línea. La habrá escuchado Manolo mil veces en la calle, pero si ayer no lo hizo cuando la banda de la Cruz Roja se la tocó a la Virgen del Rosario Doloroso, seguro que se ha perdido una de las interpretaciones más delicadas, la que estaba destinada a la Señora de los ojos verdes del Polígono cuando llegaba al centro de la ciudad.

En la plaza Nueva había revuelo de nazarenos de corta edad. También llegan a este punto después de un largo recorrido, el cansancio aparece en unas filas que se desordenan, tal vez demasiado, unos sin el capirote, otros buscando un abanico y otros relamiendo un helado. Todo esto se empequeñece ante la llegada del Cautivo, que me imagino que sigue siendo obra de Paz Vélez. Las mujeres acompañan al Cristo solitario. Todo es devoción, como la de esa hermana que con su mascarilla caminaba para no dejar solo al Señor del Tiro de Línea. Igual que pasó detrás del palio de Nuestra Señora de las Mercedes Coronada. El Lunes Santo tiene mil perfiles, pero nada como el entusiasmo de las Hermandades del Polígono y del Tiro de Línea.

Los barrios dominaron la primera parte de la tarde. La Redención y San Gonzalo fueron fieles a su historia. Todo quedó preparado para las hermandades del centro. Pero en la mente seguía el color verde de unos ojos que llegaron desde el Polígono.

lunes, 14 de abril de 2014

Azul y plata

Se llama Esperanza Macarena. Es nazarena de la Hiniesta. A las una media de la tarde, ya con las puertas de San Julián cerradas para el público, estaba en el templo con su túnica blanca. Se situó cerca del palio mirando de frente al Cristo de la Buena Muerte. San Julián estaba en silencio. Algunos hermanos iban y venían con los enseres. Toda precaución es poca para la salida en estación de Penitencia a la Catedral de Sevilla. Esperanza Macarena tenía la mirada fija en el Cristo crucificado. Allí esperaría hasta la hora de salir a la calle.


El tema de conversación en San Julián era el buen tiempo. Tienen motivo para hacerlo. El año pasado salió el primer paso y volvió de forma precipitada al templo cuando arreció la lluvia. En 2012 ninguno de los dos pasos pudo salir. Las ganas eran tremendas. Los hermanos de la Hiniesta querían pasear a la señora restaurada por Pedro Manzano. Este año, nunca hay mal que cien años dure, han disfrutado con el palio azul y plata por las calles sevillanas. Y han podido enseñar las potencias del Señor en la cruz, también un estreno de esta estación de penitencia.

 
La Hiniesta, incrustada en un barrio clásico de Sevilla, pisando ya la Basílica de la Macarena, cerca de San Marcos, es una hermandad con historia. En la visita al tempo, cuando las puertas habían cerrado, se puede gozar de la Hiniesta de Gloria, imagen gótica que es patrona del Ayuntamiento de Sevilla. Por ello,  el alcalde Juan Ignacio Zoido salió de San Julián  y no abandonó el cortejo hasta al final de la carrera oficial.  

 
La banda del Arahal, histórica y pionera, ya suena casi como clásica. Es verdad que sus marchas se han renovado, pero ayer Alma de Dios, esa marcha con aires de zarzuela, donde la escuchó el caminante fue en la equina de Zaragoza con San Pablo. El misterio de Nuestro Padre Jesús Despojado fue llevado de forma primorosa por sus hermanos costaleros. En la vuelta (lo que algunos cursis llaman ahora revirá) sonó Alma de Dios en la interpretación de la Agrupación Virgen de los Reyes. Por fortuna encadenaron tres marchas y todo volvió a la normalidad. La solemnidad de la banda de Moguer tras el palio de María Santísima de los Dolores y Misericordia era otra cosa. No se entiende que Jesús Despojado camine a ritmo de charanga por las calles de Sevilla.

Vuelta a la Alameda. Tengo una cita con Esperanza Macarena. Viene bien, la reconozco con facilidad a pesar del antifaz. Va subida en su cruz penitencial desde hace catorce años: una silla de ruedas. Todas las insignias que lucieron en el altar mayor sobran para ella. Hace catorce años está sentada en un carrito después de un accidente en una moto. Salió por primera vez en la Hiniesta con catorce  años y no ha dejado nunca de salir, andando o en su carro actual. Acompaña al Cristo de la Buena Muerte. La tarde olía a mes de agosto. Este año no habría vuelta precipitada al templo. A pesar de llevar diariamente su cruz a cuestas, Esperanza es una mujer feliz. Me lo dijo el Domingo de Ramos en la calle cuando formaba parte del cortejo de la Hiniesta. 

viernes, 16 de noviembre de 2012

Rutas de vida y muerte



Las tiendas que venden ropa deportiva no deben soportar la manida crisis. Nos deberían dar una comisión a los médicos, lo mismo que las industrias del aceite de oliva. No hay galeno que se precie que no mande a sus pacientes a consumir mucho aceite ni a mandarlo a hacer deporte. El culpable es el colesterol, del que todo el mundo habla y muy pocos conocen en realidad. Pero está de moda vigilarse el colesterol, como bien proclaman incluso desde los anuncios de televisión, donde recomiendan productos de dudosa eficacia contra la grasa maldita que resta años de vida. Se vigila el colesterol y se manda a la gente a comprarse un chándal y unas zapatillas de deporte para salir a los caminos a neutralizar los excesos.
 
En todas las poblaciones hay una ruta del colesterol por donde sudan miles de ciudadanos de distinto pelaje. Coexisten la señora madura pasada de kilos que intenta caminar hasta donde la artrosis se lo permite, el jovencito poderoso que corre como si fuera a llegar tarde, la joven que más que hacer deporte parece que intenta atraer a su agraciada figura todas las miradas, el señor sesentón que hasta hace poco no había sudado más que en verano y ahora se ha vestido de esta guisa un poco ridícula para su edad, y así una legión de aspirantes a la eternidad por el camino del deporte.
 
Aspirantes a la eternidad o, mejor, a la vejez saludable. Los facultativos recomendamos el ejercicio físico y los caminos se han llenado de esforzados que buscan la salud para envejecer mejor, siempre con la meta de alargar la vida con la mejor salud posible. Y hay de todo. Como buen consejero, practico con el ejemplo. En la orilla del río que conforma el paseo Juan Carlos I se congrega una multitud que hace deporte. El observador contempla el esfuerzo colectivo, aunque se sorprende cuando pasa por su lado algún corredor de edad avanzada que jadea a punto del colapso. En fin, por ahí andan y me parece que tan peligroso es el sedentarismo como el esfuerzo desproporcionado.
 
El paseo se convierte en un escenario donde algunos buscan la vida, pero, ¿qué es lo que veo en el atardecer de los viernes?  Los caminantes, corredores o ciclistas tienen que sortear a grupos de chavales imberbes que aunque el sol aún no haya caído ya han comenzado con su particular fin de semana en forma de botellona. Junto a los que sudan buscando prolongar su vida, racimos de jóvenes se afanan por acortar las suyas.  Se fuma a destajo en cachimbas y pipas indias, al tiempo que algunas quinceañeras vuelcan las botellas de whisky, ginebra y ron sobre sus gargantas. En el aire flota un tufillo inconfundible a hierba quemada. Son apenas las ocho de la noche y algunos cuerpos se balancean ya ebrios. Qué será de ellos cuando el amanecer los empuje a sus casas. Grupos similares proliferan por todo el paseo y por otras zonas de la ciudad. No toda la juventud se divierte de la misma forma, es cierto, pero ésta es una proporción más alta de lo esperado.
 
El mismo itinerario se convierte a esas horas en la ruta de algunos que buscan la vida y otras que, sin saberlo con seguridad, están acortando las suyas. De forma inevitable, el caminante recuerda las imágenes del Madrid Arena con miles de jóvenes en plena diversión en la inmensa botellona que acabó de forma dramática.
 
Seguro que aquellos a los que el destino salve de su autodestrucción, algún día sudarán por el mismo camino buscando esa vida que antes, sin conocerlo, han menguado. La ruta junto al río es un  camino de vida y de muerte, como casi todos. 
 
(*) Publicado en El Mundo de Andalucía. Edición Sevilla. 15-11-12    

 

sábado, 6 de octubre de 2012

Nuevo Mundo


Sonaba Dvorak en el teatro de la Maestranza en el segundo concierto del abono con la sala casi llena, lo que viene a confirmar que cuando se programan obras clásicas conocidas – lo que no quiere decir que sean antiguas – el público responde. También significa que la cultura merece algo más por parte de la administración que recortes brutales para dejarla con el trasero al aire. Decía que sonaba la música del maestro checo en el concierto de violonchelo que interpretaba el joven alemán Alban Gehardt, cuando la sala estaba reservando energías para la segunda parte, donde se anunciaba la Sinfonía del Nuevo Mundo, una obra conocida por el pueblo, cantada por músicos del pop y que fue escrita en homenaje al continente americano. Se estrenó a finales del siglo XIX y es la más conocida de su autor.
 
En los conciertos de clásica se escucha la obra, pero no es fácil calibrar la calidad de la interpretación, al menos para los menos iniciados en el conocimiento de la música. Me parecía gris la labor del director hasta que Sarah Bishop se echó la obra a sus espaldas en los famosos solos con el corno inglés. Era la belleza sobre la belleza. Ni el mismo Dvorak podía soñar con una intérprete más perfecta. La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla tiene solistas de calidad universal. Sarah se vino arriba y la sala se estremeció. La entrada del cuarto movimiento sacudió en sus butacas a quienes ya pasamos del medio siglo.
 
Esos compases de la Sinfonía del Nuevo Mundo que abren su movimiento final fueron la sintonía de un programa de radio de los años sesenta. Era el anuncio de “Ustedes son formidables”, que se emitía en las emisoras de la Sociedad Española de Radiodifusión y que conducía Alberto Oliveras, voz melancólica de una España en blanco y negro que realizaba programas para recaudar dinero destinado a cubrir las miserias de una población en estado de precariedad. Lo mismo se pedía para los damnificados de una riada que para los desahuciados por falta de pago de sus viviendas. El programa de Oliveras era una colecta semanal para tapar las heridas de un pueblo en permanente estado de necesidad.
 
Insistía la orquesta en sus sones y algunos esperábamos que surgiera la voz de Oliveras con sus pláticas tenebrosas pidiendo dinero para solventar las calamidades. ¿Qué calamidades? ¿Las de aquellos años del pasado o las de nuestros días? Los programas que organizó para las riadas de Valencia bien podrían servir para las riadas de estos días en Málaga, Almería y Murcia. ¿Vecinos desahuciados? No hay más que mirar alrededor y ahí estamos, con un desahucio y una ruina en cada esquina.
 
La sintonía seguía mientras más de uno pensaba si no sería preciso que reapareciera de nuevo un Oliveras con su sermón trágico, capaz de asustar a cualquier hijo de vecino, para pedir dinero para una sociedad que se consume en la hoguera que ha surgido de su propia vanidad. Tal vez no sea necesario un programa de este estilo, que sigue ahí en la recamara de nuestros recuerdos infantiles, tal vez sea preciso que se escriba una nueva Sinfonía del Nuevo Mundo, pero en esta ocasión dedicada a Europa, no a América como hizo Dvorak, porque el mundo que hay que cuidar y alimentar para que no se muera para siempre es la vieja Europa. Y que sus compases no se utilizaran como sintonía de un programa de televisión para hacer caridad con el prójimo, sino que sirviera para crear riqueza y prosperidad. 

martes, 1 de noviembre de 2011

Sevilla, abandonada por la Junta de Andalucía

La Junta de Andalucía no quiere invertir en cultura. Según parece, la protección de la cultura andaluza mantendrá en el próximo año una línea descendente, según se desprende del proyecto presupuestario de la Junta para 2012. La Consejería de Cultura sólo se ocupa del Turismo. En 2011 se bajó el presupuesto un 22% sobre el  2010. Para 2012, más bajadas. Sólo subirán los dineros de la Alhambra de Granada, así como el Museo Picasso Málaga.

Frente a esos datos, resulta dramático comprobar que no hay ninguna partida específica para el Museo de Bellas Artes de Sevilla, que vive una situación de abandono alarmante, a pesar de que es la colección pictórica más valiosa de Andalucía.

Se confirma la rebaja en los apoyos al Teatro Maestranza -recibirá 1.754.287 euros- y la Sinfónica de Sevilla -2.743.362-, a los que se ha descontado un 10% respecto a este ejercicio. Tampoco hay partidas específicas para la Bienal de Arte Contemporáneo (Biacs4) ni para el Festival de Cine Europeo de Sevilla, aunque sí se beneficia a otros certámenes audiovisuales, como el Iberoamericano de Huelva o el Festival de Cine Español de Málaga. 

En definitiva, hablábamos de la inversión en Cultura. No se invierte y se llega al agravio de castigar a Sevilla de forma explícita. Esta situación, como tantas otras, no tiene más camino que un cambio en marzo de 2012. La Junta lleva a la ruina a Sevilla, tanto en inversiones públicas, escasas o mal planificadas (la disminución de carriles de la S-40 es terrible), como en el olvido de sus referentes culturales. La capitalidad, que no existe, es un grano infectado para la ciudad.