miércoles, 22 de marzo de 2017

Pepe Luis Vázquez, torero de culto


De la estirpe de Joselito El Gallo, Chicuelo y Belmonte, considerado uno de los diez toreros más importantes de la historia, Pepe Luis Vázquez alternó en 120 corridas con Manolete y ahora los críticos Carlos Crivell y Antonio Lorca "resucitan" una personalidad única en el mundo del toro.
"Pepe Luis Vázquez, torero de culto" (El Paseo) es, en palabras de Lorca, "un homenaje a uno de los grandes toreros de la historia; la reivindicación humana y taurina de un personaje capital que, por carácter sencillo y humilde y por su decisión de apartarse del mundo y de los homenajes, vio mermada su aureola de gran figura".
"Se dice que nació torero, 'estudió' la carrera 'por libre' en los oscuros pasillos del matadero, triunfó siendo casi un niño, sacó adelante a sus padres y hermanos, se retiró con 32 años, se casó, después, con una joven de buena familia, tuvo siete hijos, olvidó el traje de luces, se encerró en el campo, se olvidó de honores y fue un hombre feliz entre los suyos", ha enumerado Lorca en relación con esta biografía, que no se detiene en 'el torer
o' y dedica capítulo propio 'al hombre'.
Nacido en 1921 en el sevillano barrio de San Bernardo, "Pepe Luis fue un personaje original, un artista y un hombre íntegro y cabal, de los pocos que, de vez en cuando, aparecen por la vida; de exquisita educación, de esos que no hablan por no molestar, de pocas palabras, de gran vida interior, reflexivo y sentencioso".
Lorca ha añadido que fue "amante de la poesía y amigo de pintores, escritores y músicos; disfrutaba con los hermanos Machado y Alberti, le encantaban Mozart y Schubert, se relacionó con Zuloaga, Bergamín y José María Cossío, y el maestro Joaquín Rodrigo, entre otros".
"Fue feliz en el silencio y la soledad; su viuda dice que fue un hombre del campo, y humilde hasta la timidez, que prefería pasar inadvertido y al que le hubiera agradado ser invisible", según el perfil trazado por Lorca, quien ha citado a sus familiares para asegurar que "alcanzó todas sus metas: fue figura del toreo, sacó adelante a sus hermanos, formó una familia numerosa, vivió feliz entre los suyos y se retiró del mundo para gozar del campo".
Esta biografía era precisa, según Carlos Crivell, porque trata de "un ser excepcional" del que "era necesario reflejar sus dotes como lidiador y artista, porque aunque los más aficionados conocen muy bien, quienes no llegaron a verlo en los ruedos pueden ahora entender mejor su trascendencia en la Fiesta".
Crivell ha asegurado que Vázquez "fue, por encima de todo, un torero cerebral, en el que lo primero fue la inteligencia que le permitió conocer a los toros de manera primorosa; fue un toreo de sabiduría innata y fue un artista porque su toreo estaba adornado por la excelencias de la pureza y el clasicismo" a lo que aportó "gracia natural, que es lo que ha perdurado, aunque no fue lo primordial en su estilo".
Para Crivell "es un buen momento para recordar a Pepe Luis" porque "los principios en los que asentó su tauromaquia casi se han perdido; es cierto que el toro, eje básico del toreo, ha cambiado, y el que Pepe Luis lidió necesitaba un dominio previo a la creación del arte, algo que ahora raras veces ocurre porque ya no hay toro que dominar".
"Esos aspectos del toreo eterno, la pureza, la naturalidad, el buen gusto, la torería en suma, se están perdiendo, y el recuerdo de Pepe Luis es muy adecuado para recordar que hay situaciones que deben perdurar en la tauromaquia; fue un torero de Sevilla, lo mismo que después lo fue Curro Romero; la prevalencia de Pepe Luis se sintetiza en una frase: Pepe Luis es Sevilla misma vestida de luces". 

viernes, 23 de septiembre de 2016

Plasson y Daniela, la música en plenitud

Es un placer recibir en Sevilla a Michel Plasson, historia viva de la música francesa y colaborador habitual de la orquesta sevillana. Era el comienzo de la temporada, por ello quizás se resintió la asistencia, aunque nunca se sabe si no es que han desertado muchos abonados. Será preciso esperar cuando lleguen los platos fuertes de la temporada con las sinfonías de Beethoven para valorar si la afición a la música eterna mantiene adeptos o hay abandono de localidades.

La orquesta exhibió los lazos verdes que ya lucieron en los últimos conciertos de la temporada pasada. Son la señal de su malestar con los recortes y el olvido de las administraciones, sobre todo de la Junta de Andalucía, que es capaz de acabar con todo atisbo de cultura en la comunidad mientras al mismo tiempo presume de lo contrario. Hubo lazos verdes pero la orquesta sigue ahí con su misma calidad. La profesionalidad, y la categoría, de los músicos mantienen viva la llama del clasicismo musical en Sevilla.

Plasson es un prodigio de personalidad. El concierto contenía tres piezas de autores franceses y un concierto de arpa del ruso Glière. Con las obras de sus paisanos Plasson disfrutó a tope. Menos contundente en la de Saint-Saëns, prodigioso en Berliotz, sobre todo en el minueto de los fuegos fatuos, para acabar pletórico en la obra de Roussel, luminosa y cromática, en la que toda la orquesta brilló a tope. Nota especial para el oboe de González Monteagudo, el clarinete de Piotr Szymyslik y el arpa de Daniela Iolkicheva, que a esas alturas había vuelto a su lugar de solista después de interpretar el concierto de Glière. Plasson, visiblemente emocionado, tal vez como presintiendo su despedida del Maestranza, dirigió en forma de bis final un suavísimo y precioso momento de la Arlesiana de Bizet, que realmente fue un homenaje a las cuerdas de la orquesta, las que posiblemente más críticas reciben pero que rayaron a una altura sideral.

Daniela Iolkicheva es tan maestra con el arpa que casi nos hizo que pareciera aceptable un concierto plano como el de Glière. Su figura leve con sus manos delicadas sacó un sonido sensual de su arpa. La orquesta se limitó a seguir a su compañera que ofreció un bis delicado como prueba de su dominio del instrumento.

La temporada ha comenzado. Hubo menos gente de la esperada en la sesión de jueves – esperemos mejor asistencia en la del viernes -, pasó Plasson y dejó en el ambiente cierta nostalgia que sería bueno que se rompiera en otra temporada con su figura en el atril, la orquesta mantiene su nivel y sus carencias, pero ahí están sus maestros, ayer Daniela Iolkicheva, para dejar claro que lo mejor del conjunto son sus músicos.


Teatro de la Maestranza. Primer programa de abono. Jueves 22 de septiembre. Solista: Daniela Iolkicheva, arpa. ROSS. Director: Michel Plasson. Programa: Bacanal de 'Sansón y Dalila' de Camille Saint-Saëns; Concierto para arpa y orquesta en mi bemol mayor Op.74 de Reinhold Glière; Tres piezas orquestales de 'La condenación de Fausto' de Hector Berlioz; Suite nº2 de 'Baco y Ariadna' Op.43 de Albert Roussel. Aforo: Dos tercios de entrada.

viernes, 25 de marzo de 2016

Música de capilla en la plaza de Pilatos

Cuando los Negritos avanzan desde San Esteban, antes de entrar en Águilas, la cofradía pasa por la hermosa plaza de Pilatos. Los nazarenos de blanco con escapulario azul marchan ordenados. Desde la plaza se puede contemplar el crucificado de Ocampo, tan solemne y mayestático, que avanza con música de capilla delante del paso. La música de capilla se escucha siempre en estas cofradías de silencio y luto. No hay estridencias que logren romper el silencio en la plaza. Se escucha muy bien pero se intuye que casi nadie le presta atención. La cultura cofrade quiere tambores, cornetas y bandas. A muchos sevillanos no les gusta la música de capilla. Y sin embargo, mira qué es solemne y hermosa este tipo de música.

La plaza de Pilatos se mantenía en un moderado silencio. No es fácil que a las cuatro de la tarde se puedan acallar los niños, incluso uno de ellos aporrea un tambor de vez en cuando. No pasa nada. Al final, solo se oye la composición escogida para el momento. No soy experto, pero me imagino que sería una de las muchas que tiene dedicadas el Cristo de la Fundación, obra de Ana López Oñate o del maestro Albero, autores de hermosas piezas de capilla para esta cofradía.

Tocan tres músicos de negro riguroso. Todos los músicos de capilla tienen el mismo aspecto con atuendo de luto. En este caso me llama la atención que uno de ellos toca un saxofón; sus compañeros son los clásicos oboe y clarinete. Falta el fagot. El saxofón suena bien y le da un aire más misterioso a la música. El sol es fuerte, hasta los niños han callado, las mantillas pasan de un lado a otros, camina el señor en la cruz de Los Negritos rodeado por sus cuatro faroles y la música de capilla llena de solemnidad este comienzo de la jornada del Amor Fraterno.

En la puerta de San Esteban espero a la Virgen de los Ángeles, un palio distinto a todos. Hay que decir ya que en Sevilla no hay dos palios iguales. Puede haberlos parecidos, pero siempre hay diferencias. Los toques orientales de este palio, en su día casi revolucionario y hoy casi clásico, se engrandecen con un exorno floral de nuevo muy original en su color blanco. El manto aporta otro golpe de ingenio. La banda de Las Nieves de Olivares suena de maravilla. Es una cofradía señera pasando por el centro de Sevilla a primeras horas de la tarde del Jueves Santo.

A esas horas hay que caminar para ver la gloria mariana del Jueves, esa que no me canso de cantar todos los años, que es la belleza misma hecha Virgen, que llora y ríe al tiempo, enmarcada en un palio de cajón que es el tiempo detenido y que es obra, naturalmente, de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, el mismo que diseñó la saya más hermosa que se haya contemplado. Todo sigue ahí como el primer día cuando ha cumplido más de cien años. Pero por encima de todo, la Victoria, para quien un día aquí mismo pedí una corona y ya parece que viene en camino. Victoria Coronada, me adelanto, como debe ser porque no hay otra en Sevilla que sepa llorar y consolar tanto.

Pasa el palio por delante de la Caridad, en la Iglesia se celebran los Oficios, a lo lejos repican las campanas de la Giralda anunciando que allí también hay cultos de Jueves Santo, se puede ir de un lado a otro, la tarde es una delicia para poder gozar una vez más de Las Cigarreras. La Hermandad de las Aguas ha salido en señal de saludo, como debe ser, porque la Virgen de los Ángeles pasó por San Esteban con la iglesia cerrada, y el caminante cierra los ojos porque todo se ha repetido como siempre. Eso es nuestra Semana Santa. El mantenimiento de la belleza a través de los tiempos.

Y si hablamos de clasicismo, en la puerta de la Magdalena he esperado para ver la salida de la Quinta Angustia. Todo es igual que hace cincuenta años. Cierro los ojos. Me resuenan los sones de la música de luto de Los Negritos.  

jueves, 24 de marzo de 2016

Una saeta al cielo de Álex Ortiz

El Miércoles Santo es un día especial para quienes amamos el mundo de los toros. Las dos cofradías con mayores connotaciones taurinas hacen estación de penitencia en la jornada. El luminoso día que siguió a los de lluvia y desencanto fue aportando una serie de vivencias inolvidables para el caminante cofrade. Muy pronto hubo que acudir a ver La Sed por  delante de San Juan de Dios, algo que a muchos nos lleva a nuestra primera juventud, cuando la cofradía salía el Viernes de Dolores y la cita con el hospital era punto de confluencia de todos los cofrades sevillanos. Ya es una Hermandad con dos pasos y muchos penitentes que hacen un esfuerzo supremo cada tarde de Miércoles Santo.

Cumplida esta tradición, la tarde se llenó de emociones. En el devenir por la ciudad se encuentran rincones y escenas insospechadas. San Bernardo venía por Santa María la Blanca. El Cristo de la Salud avanzó por Muñoz y Pabón buscando la Alfalfa. Había que ir a buscar a la Virgen del Refugio, a ver de nuevo los jarrones dorados, a saludar a la señora del toreo de la que fueron devotos Cúchares y Manolo Vázquez, Diego Puerta y Pepe Luis. Pero el pensamiento estaba lleno de una ausencia y el dolor era insoportable. Allí faltaba Fernando, a quien la Hermandad le había dedicado su estación de penitencia. Y como pasa en Sevilla siempre, cuando vas buscado una emoción, surgió otra inesperada en forma de saeta desde un balcón allí mismo en Santa María la Blanca, enfrente de la Virgen del Rosario, cuando una voz potente y clara le cantó su oración a la Virgen de San Bernardo. La voz de Álex Ortiz lo llenó todo, la claridad de su verbo, la musicalidad de su entonación, la firmeza de su expresión y el quejío salido del alma conmovieron a los presentes. Ahí lo tenías Fernando, qué homenaje más bonito y sincero. Yo también te dediqué a ti ese momento intimo en el que gocé de tu Virgen cuando el cantaor sevillano rompía el silencio con su cante.

Había otra cita taurina, pero la dejamos para más tarde. Para aliviar la espera había que acudir a un rincón sevillano para ver el transcurrir del Buen Fin. La plaza de San Lorenzo es el marco ideal para sentir el pálpito de una hermandad modélica, la que tiene su Centro de Estimulación Precoz entre sus realidades cotidianas. Viendo pasar al Cristo del Buen Fin con los sones de la Centuria Macarena en un escenario que ni pintado, uno pensaba cuántos momentos se nos escapan a los sevillanos porque no podemos vivirlos todos al mismo tiempo. Si allí, en San Lorenzo, junto al Señor de Sevilla, los sentidos se llenaron de júbilo casi sin esperarlo. Qué pasa en tantos rincones de la ciudad al mismo tiempo, que nos perdemos por aquello de la inexistencia de la ubicuidad. Nuestra Señora de la Palma camina bajo un palio bellísimo con corbatas y angelotes en un conjunto de clasicismo acentuado. A la entrada de San Lorenzo, la banda de La Nieves de Olivares estrenó la marcha Nuestra Señora de la Palma Coronada, obra de Javier Calvo. Ante el Gran Poder pasaron las imágenes de la cofradía franciscana con seriedad y devoción.


Y más toreo. El Baratillo me lo reservo para verlo a la salida de la Catedral. La nómina de nazarenos toreros ha crecido. A Oliva Soto y Diego Silveti se ha unido este año José Antonio Morante de la Puebla. Que la Piedad y la Caridad le protejan y el Cristo de la Misericordia le inspire en estos días que llegan. En las murallas del Alcázar, la banda del Carmen de Salteras volvió a escribir una página gloriosa de la Semana Santa al tomar una Madrugá inmensa al palio de la Caridad. Qué lujo de cuadrilla llevando con esmero a su Virgen mientras la solemne marcha lo paralizaba todo con una emoción de escalofrío. Después de presenciar ese momento casi no quedan ganas de nada más, pero el cuerpo del caminante aguantó para ver a Los Panaderos. El Miércoles Santo torero había recompensado todo lo sucedido hasta entonces. Nos quedaron grabadas para siempre una saeta de Álex Ortiz y una marcha de Abel Moreno. San Bernardo y El Baratillo, ahí es nada. 

El sentido común de Los Estudiantes

De nuevo hay que escribir la crónica de un lamento. El Martes Santo nos dejó otra vez la impresión de que a nuestra Semana Mayor le hace falta una inyección de sentido común. No se puede jugar a la lotería con los pasos y salir a la calle porque el porcentaje de posibilidad de lluvia sea solo del 60%. La jornada fue un verdadero caos y solo una Hermandad puso sobre el tapete ese sentido común al que apelamos. Los Estudiantes decidieron muy pronto que no harían estación de penitencia. No faltó quien se mofara de ellos y lo escuché personalmente. A final, la dura realidad de la tarde les dio la razón y se la quitó a la Hermandad del Cerro, a los Javieres, a San Benito y a San Esteban. La salida de estas Hermandades, y admito que resulta fácil decirlo a toro pasado, fue una insensatez. Ahora que cada palo aguante su vela.

El Cerro salió, se metió el paso de Cristo en la Catedral, el palio de Nuestra Señora de los Dolores se refugió en la Universidad, desde allí se reunió con el misterio, salieron camino de su templo y el agua les obligó a volver a la Catedral. Entiendo que esta Hermandad está muy castigada por las lluvias de años pasados y que es muy grande la ilusión por completar la estación. No entiendo lo que sucedió ayer.

Menos se puede comprender a San Esteban. Salieron cuando había riesgo de lluvia. Y llovió. Vaya si cayó agua cuando el paso de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje ya había superado a la Iglesia de la Anunciación. Allí se recogió, ciertamente con orden y sin bullas. El paso de la Virgen de los Desamparados se unió pocos minutos después en un trabajo excepcional de la cuadrilla de costaleros.

El despropósito, junto a muy mala suerte, se vivió en La Calzada. Solo la Virgen de la Encarnación se libró del aguacero. Por el contrario, el paso de la Presentación al Pueblo y el Cristo de la Sangre quedaron medio anegados en el retorno precipitado a la Parroquia de San Benito. El capote verde colocado al Señor conformó una imagen triste. Pilatos, que se fastidie, no mereció ni un plástico protector.

Los Javieres también salieron a la calle Feria después de un lío monumental de ‘que no se sale’ y al rato ‘sí que salimos’. Un sistema de comunicación absurdo propio de Radio Macuto que se apoderó de Sevilla cuando alguien dijo que no habría salida, la calle Feria quedó despoblada, para al poco tiempo rectificar y poner la cofradía en la calle para que se empapara de agua.

Dicho queda que desde primera hora la Hermandad de los Estudiantes anunció que no harían su estación de penitencia. Incluso no llegaron a realizar con inmediatez el traslado de los pasos desde el Rectorado a su capilla. Simplemente, sentido común, aunque alguno llegara a ponerlos en ridículo.
La noche se recompuso y La Candelaria salió pasadas las ocho de la tarde y el Dulce nombre ya pasadas las nueve. Santa Cruz se quedó en su templo. Más sentido común en la tarde. San Esteban se marchó a su casa y en la Catedral estaba el Cerro. Como dijo uno del barrio, ‘otro día iremos por ellos’.

Es cierto que el Consejo de Hermandades y Cofradías no tiene ningún poder ejecutivo, pero aquí se necesita que gente con la cabeza serena y con la imparcialidad de no pertenecer a las cofradías en cuestión, sea la que organice la posibilidad de salir con seguridad a la calle. La tarde de este Martes Santo ha sido de nuevo un ejemplo que no debe repetirse muchas veces. Una vez más tuve que presenciar la entrada, a prisa y corriendo, de una cofradía anegada en un templo amigo. Es la imagen más desagradable que puede presenciarse. Y no es difícil evitarla. Basta con emplear el sentido común, que parece que no abunda en algunas Juntas de Gobierno de nuestra Hermandades. A partir de hoy, si se cumple lo previsto, podremos hablar de pasos en la calle en su esplendor. Hasta ahora, la Semana Santa de 2016 es casi una crónica de sucesos. 

martes, 22 de marzo de 2016

Aguas buenas y aguas malas

La tarde estuvo dominada por las Aguas; unas buenas llegadas del Arenal y el Museo; las malas, presentes o imaginadas, venidas del cielo en forma de amenaza de lluvia. Las aguas malas rompieron las ilusiones de los cofrades de los barrios que debían hacer estación de penitencia a la Catedral. En San Pablo, en las últimas horas de la mañana, la decisión tenía todo el sentido del mundo. Más doloroso fue lo que ocurrió en el Tiro de Línea. El hermano Mayor anunció que se iban a la calle y antes dijo “pero no aplaudáis”. Javier Bonilla no las tenía todas consigo. Y tanto. Al poco de salir, unas gotas, una predicción con amenaza cierta, lo que fuera, ya con el Cautivo y la Virgen de las Mercedes fuera de la parroquia, la orden fue tajante: vuelta al templo. Dos barrios que se encontraron desolados, un cielo que alternaba panzas de burra en forma de nubes con azul claro y limpio. Es mucha la distancia del recorrido, son muchos los niños del cortejo y el patrimonio, al que también hay que cuidarlo.

Así estaban las cosas cuando las miradas se dirigieron a otro barrio: El Tardón. Todo estaba preparado. La gente estaba contando los minutos, a nadie le pasaba por la imaginación que se anulaba la estación penitencial, pero debió pesar mucho en la Junta lo ocurrido hace unos años en un día similar, aquel en el que el misterio debió llegar de forma precipitada a la Magdalena y la Virgen de la Salud retornaba a su templo. Fue un mal año. Debieron recordarlo. Las predicciones eran de alguna posibilidad de lluvia a partir de las cinco y media. Y optaron por la prudencia.

Como lo hizo la Redención. Aquí debió pesar, más que nada, ese manto nuevo, el gran estreno de esta Semana Santa, ese terciopelo verde de Lyon bordado y mimado durante cuatro años en los talleres de Santa Bárbara. Es el manto que remata un palio especial y diferente, el de la Virgen del Rocío, que también estrenaba una saya de tisú marfil. El manto no pudo ser admirado en su devenir por las calles y Sevilla se quedó sin la visión de las siete cartelas que lo adornan. La tarde ya se encontraba dominada por las malas aguas.

En la puerta de la parroquia de San Andrés se agolpaba el gentío a las seis de la tarde para ver la salida de Santa Marta. El cielo era más azul todavía. Los predictores del tiempo habían  callado. Sin embargo, la gente que esperaba en la plaza, aunque allí estaba a pie firme, tenía la convicción segura de que Santa Marta no saldría. Y no salió. Alguno se quejó porque no lo entendía. Si todos coincidían en que ya la tarde no tendría aguas malas, que todo lo que vendría serían Aguas buenas.

Así fue. De la capilla del Rosario salió la de las Aguas con su Virgen de Guadalupe. Así se rompió el maléfico del Lunes Santo. El misterio, con la banda de la Tres Caídas, con un paso bellísimo que uno llegó a llevar cuando aún no estaba dorado, lució esplendoroso en Dos de Mayo. Las Atarazanas de la discordia le pusieron telón de fondo, en la chimenea grande dos cigüeñas asistieron al momento y una luna de primavera se asomó para verla pasar. Guadalupe recibió pétalos sin fin mientras El Sacri le cantaba una saeta. Las Aguas buenas aclararon la tarde.


En esa inercia que se produce cuando una Hermandad decide salir, las Aguas abrieron el camino para la salida de las Penas de San Vicente, Vera Cruz sacó los pasos ni recurrir al Lignum Crucis y del Museo salió las Virgen de las Aguas. Así quedó parcialmente reparado el día. Lo que no se puede sofocar es el desconsuelo de tanto chaval de las cofradías que no salieron. Y el de los mayores, que cuentan los años al revés que los nuevos. El paseo triunfal de la Virgen de las Aguas del Museo le puso un bello marco al Lunes Santo, el día que los barrios sufrieron el castigo de unas malas aguas que casi no llegaron.

lunes, 21 de marzo de 2016

Sol de Domingo para La Cena

Las caras serias se tornaron en rostros llenos de alegría cuando la Iglesia de los Terceros abrió sus puertas cerca de las cuatro y media. Casi una hora de retraso que la Hermandad de La Cena vivió con mezcla de inquietud y esperanza. Cuando Joaquín Solís, el Hermano Mayor, anunció que el cabildo de oficiales había decidido hacer estación de penitencia, apenas hubo esas palmas que suenan en otras ocasiones. Ninguno de los presentes tenía dudas sobre la seguridad de la salida procesional en la tarde del Domingo de Ramos. Todo se había aclarado con la salida de La Paz. Desde el interior de la iglesia, cuando se abrieron las puertas del templo la naturaleza fue fiel a la calle. Un baño de sol inundó la calle del mismo nombre. ¿Quién tenía alguna duda sobre la salida? A la calle con ella.

La nave central de la iglesia estaba ocupada por cinco pasos, los tres de La Cena y dos de la Exaltación, que vive allí en realojo mientras Santa Catalina se recompone. La  espera se hace larga, pero merece la pena ver desde dentro el orden y el respeto que impera en la organización de las filas de nazarenos. A pesar de un número muy alto de jóvenes de ambos sexos, de madre con niños de escasos años, hasta de alguno de matilla, todo está en su sitio, nadie altera la formación de las filas de penitentes de los tres pasos que tiene la cofradía. Nadie levanta la voz. Los niños cansados se echan al suelo sin una protesta. La Cena tiene cantera.

En el atrio de la iglesia se ha colocado la Escolanía de María Auxiliadora. Es un grupo de mujeres adolescentes que aparecen con túnicas de color morado y portan sus partituras en las manos. Por los altavoces, ya una vez decidida la salida, se pide una oración y se lanzan al aire las recomendaciones de última hora. En realidad, casi nadie lo escucha. La impaciencia es notoria. Mayores y niños quieren lanzarse a la calle.
     
Fali Díaz, de los Pali del Arenal de toda la vida, ha hecho sonar el martillo. Antes de la última levantá del paso de La Cena, uno costalero le recuerda que allí abajo van 46 hombres. Es el homenaje de la cuadrilla a quien falta este año. El paso sale a la calle Sol y el astro rey lo baña en la tarde ya plena del Domingo de Ramos. La escolanía canta dentro del templo cuando el Señor de Sebastián Santos y el apostolado de Ortega Bru cruzan el atrio.

A la salida del Señor de la Humildad y Paciencia, la banda de Tejera, preparada para acompañar a la Virgen del Subterráneo, toca una marcha fúnebre. Ya está el cortejo en la calle. El sueño de la Hermandad se ha cumplido. Más de 700 nazarenos han salido en estación penitencial en esta Hermandad joven y pujante. Me quedo en la iglesia donde un hermano ya veterano mira con lágrimas en los ojos. No hace falta hablar con este hermano. Sus ojos llorosos están llenos de alegría al ver en la calle a su cofradía.

Es preciso acudir a Relator para comprobar el discurrir de otra cofradía de barrio. Es la Hiniesta. A esa hora la masa ha tomado las calles. Con la seguridad del tiempo estable, la calle se masifica delante de los pasos. En la revirá con Feria, la banda de Santa María Magdalena de Arahal tocas sus marchas clásicas. Al rato, la explosión llega con el lujo azul y plata del palio de la Hiniesta. De nuevo la vista se queda impresionada por los candelabros de cola, en realidad toda la orfebrería es un primor. La banda del Carmen de Salteras no desentona y por la calle Feria marcha la señora ya entre clamores del pueblo.


Ha dado tiempo a ver La Estrella por Reyes Católicos. El gentío es dueño de la amplitud de la calle. Es una de Triana que acaba de llegar a Sevilla por el puente. Todo vuelve a tener sentido. Es la Estrella, de la que todos dicen que nada le hubiera importado el tiempo, porque seguro que hubiera salido. 

sábado, 11 de julio de 2015

El futuro de la ROSS

La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) ha finalizado un ciclo y se prepara para una nueva etapa que ofrece muchas inquietudes a sus seguidores. El proceso de elección del nuevo director ha sido convulso. La discrepancia entre las administraciones y la postura de los músicos forzó la salida de Pedro Halffter. Con el beneplácito de algunos políticos, y de los propios músicos, se ha incorporado John Axelrod. 

Halffter se marcha de la ROSS con el aplauso casi unánime de los aficionados. Así se ha podido comprobar en los dos últimos conciertos con Chaikovski y Beethoven como protagonistas. El plebiscito que significa la ovación mantenida durante largos minutos era tanto de agradecimiento como de desagravio ante lo que muchos han considerado que es un maltrato a su figura musical. Es cierto que en una salomónica decisión, Halffter seguirá en la dirección artística del Teatro de la Maestranza, pero se ha creado un clima poco favorable, como se ha podido comprobar al quedar excluido el director madrileño de toda la programación de la próxima temporada de la ROSS. Se trata de una revancha que puede incluso considerarse como una victoria pírrica para los profesores de la orquesta, aunque encierra que existe un enfrentamiento abierto entre la actual dirección de la ROSS y Halffter. 

El nuevo director ha elaborado la programación de la nueva temporada. En esos casos siempre es necesario esperar los resultados. A priori, en la programación hay guiños a la música española, algo bueno, algunas obras de gran calado y otras de menos entidad. Será preciso esperar para hacer un juicio sobre esta nueva etapa. Por cierto, se mantiene un concierto en fechas tan poco indicadas como el jueves y el viernes de la Feria de Abril. Supone un grave desconocimiento de la realidad sevillana ofrecer conciertos en fechas tan señaladas. Ya sucedió en esta pasada temporada, incluso con el agravante de que ello ocurrió con conciertos muy apetecibles. En esta ocasión se proyectará una película con la música de Carmen. Es un atropello porque muchos abonados no podrán asistir. Si hubiera seriedad se les devolvería el dinero a quienes no acepten esas fechas como días de concierto.

En suma, la ROSS ha logrado un alto nivel de calidad bajo la dirección de Pedro Halffter, que no podrá seguir su labor en contra de la opinión de muchos aficionados de Sevilla. Solo queda esperar que nadie se arrepienta de ello y que la orquesta siga al mismo, o mayor, nivel. Si con Axelrod se alcanzan mejores prestaciones, los amantes de la música en Sevilla lo aplaudiremos. De momento no ha gustado que haya eliminado a su antiguo director entre los que se pongan al frente de la formación este próximo año. Es decir, que comienza con pequeñas venganzas. No es buen comienzo.

martes, 14 de abril de 2015

La Victoria de los sevillanos

Será el calor, será el cansancio, será lo que sea, pero las calles de la ciudad se despoblaron de las masas para dejar a quienes buscaban el momento de la emoción más personal en cualquier calle o rincón de la urbe. Algunos dicen que la gente se ha ido a la playa porque el tiempo es muy bueno. Y me pregunto que dónde están los que consumen la mercadotecnia de la Semana Santa durante todo el año, que ahora que llegan jornadas como la del Jueves Santo dejan la ciudad al alcance de unos cuantos sevillanos. Mejor así. La experiencia de volver a seguir el palio de la Virgen de la Victoria por Temprado hasta El Postigo supera todos los programas de televisión y las cientos de páginas que nos acribillan durante el resto del año. 

Todo es tan perfecto en el palio que los sentidos quedan paralizados y deslumbrados ante tanta belleza. Es el propio palio de cajón, donde el paso de los años refleja la solera de una corporación diferente. Es el exorno floral, la orfebrería, los faldones con el escudo real, el manto, todo es una sucesión de gozos que rodean a la Señora de Las Cigarreras. 

Sonaba La Sagrada Lanzada, una joya de la Semana Santa más antigua, compuesta por Manuel Font,  el padre de Font de Anta, cuando las miradas se concentraban en la Virgen más serena de las que salen en nuestra Semana Mayor. Es su palidez moderada, es la tristeza de una expresión que en el sufrimiento quiere mandar consuelo, es ese surco de ojeras que más que venir del llanto parecen que llegan del dolor contenido de ver al pueblo a su alrededor. Es la Victoria para paladares del mejor gusto. Es la Victoria para una Sevilla con pocos sevillanos. Ahí se rompen los esquemas. Una joya que fue mecida por las calles de la ciudad sin ningún tipo de algarabía, tampoco había bullas ni empujones, fue  placentero en una tarde en la se volvió a poner de manifiesto con claridad meridiana lo que es el palio de una virgen dolorosa.  

Había pasado el misterio de la Sagrada Columna y Azotes con esos sayones con túnicas y plumas negras que no acaban de gustar a todo el mundo. En El Postigo, la banda de Las Cigarreras tocó La Carretería. En las filas de nazarenos, señal de que el buen gusto llega a todas partes, caminaba un joven chaval de Madrid con su cirio doblado por los efectos del calor acompañado por sus padres Laura y Eduardo, que no quieren que el muchacho pierda los vínculos de la ciudad materna.

Los Negritos bajaron a la Carrera Oficial por la Cuesta del Rosario. Este cambio es una buena noticia para la Hermandad porque es un camino más cofrade. A la carrera se pierde el palio de la Virgen de las Lágrimas por Orfila, luego ya en la Alameda la tarde se vino arriba con el calor del pueblo arropando a Montesión. Fue un Jueves más tranquilo que otras jornadas. La Quinta Angustia, El Valle y Pasión, palabras mayores, cerraron la antesala de la gloria de la Madrugá.   

El templo de los toreros

Algún torero que está anunciado en la Feria de Sevilla se manchó ayer los zapatos de albero en la plaza de toros, lo mismo que le ocurrirá el día 15 de abril. Alfonso Oliva Soto acudió temprano a su cita anual con la Piedad del Baratillo, que desde hace ya varios años forma los tramos sobre el piso plaza donde en breve se lidiarán toros bravos. Oliva Soto es un torero cofrade. Se une así a esa larga lista de coletudos que desde hace dos siglos salen vestidos de nazareno en algunas Hermandades. En la tarde de ayer hicieron estación de penitencia la de San Bernardo y la del Baratillo, las más taurinas. La primera, por su cercanía al matadero, que fue escuela taurina para muchos y concentró a famosos toreros en sus filas, desde Cúchares a los Vázquez. La segunda es torera porque linda con la plaza y su capilla recibe los aromas de las grandes tardes
en el coso del Baratillo

Hasta en estas cosas ha cambiado todo. En estos tiempos hay pocos toreros cofrades, casos muy contados, pero todo ello entronca con la realidad del toreo sevillano de nuestros días. Algunos toreros no acuden a salir a las hermandades de penitencia ni tampoco quieren pisar el albero para lidiar toros. Han huido de la ciudad, de su plaza y de sus templos. 

El Baratillo volvió a pasear por el Arenal sevillano en una escena ya vivida durante medio siglo. El tiempo parece detenido, la casa de los sueños infantiles sigue enhiesta, el balcón lo preside todo y solo las ausencias nos vuelven a la realidad.

En las filas de los penitentes marchaba alguien muy especial. Estrella Yun, nacida en China, llegada a Sevilla con ocho meses por el amor de sus padres Paco y Alicia, que ayer mismo cumplió dieciséis años. Yun que es sevillana por los cuatro costados domina la lengua china a la perfección. Ayer celebró sus cumpleaños debajo de la túnica del Baratillo.   

Todo había comenzado con el cortejo de la Sed por la Encarnación (por no mentar a las Setas). Es cierto que el calor era excesivo, es verdad que el camino es muy largo, también que es una cofradía con infinidad de niños en sus filas, pero eso tampoco puede justificar que en algunos momentos hubiera más costaleros, músicos y nazarenos en los bares colindantes que en las filas de la procesión. Han pasado cuarenta años de aquellos Viernes de Dolores en San Juan de Dios con el Cristo de la Sed recién tallado por la gubia de Álvarez Duarte. Fue necesario esperar para ver el barquito que estrena en su mano la Virgen de Consolación. 

A esas horas tempranas de la tarde, el caminante observa detalles que no entiende, como el de un joven nazareno del Carmen Doloroso en la Calle Cuna sin el antifaz departiendo con la familia. Cuando San Bernardo baja por Cuna hay que volver al sitio recóndito y señorial de las primeras horas del Miércoles Santo. La Cruz de Guía del Buen Fin estuvo detenida media hora en la calle Eslava, pero esa espera mereció la pena para ver de nuevo al crucificado pasar por delante de San Lorenzo y ante el Gran Poder. La tarde más torera en la que pocos matadores ejercen de cofrades quedó recompensada a los sones de la Centuria Macarena. Fue, un año más, un momento único.

Cofradías familiares

En asuntos de Semana Santa no hay pensadores con visión de futuro. Que algunas Hermandades crezcan, como la Macarena, es algo que todos entienden, pero pocos se han puesto a calibrar hasta dónde pueden llegar las modernas cofradías de barrio. Al ver a los del Cerro, que ya se acercan a los mil nazarenos, y acordarme de los más de mil quinientos que  sacó la del Polígono el martes, todo apunta a que ese crecimiento debe proseguir dadas las características de la población en las que asientan estas corporaciones. Y si crecen, como se presiente, pueden llegar a cifras insoportables para el Lunes y el Martes de la Semana de Pasión.

El Martes es un día con muchos matices familiares. La vivencia se hizo presente con la Hermandad de San Esteban. Ya por la calle Cuna el cortejo estaba diezmado con multitud de madres cargadas de bolsas llevando de la mano a pequeño acalorados, antifaz remangado, expresión al borde de la congestión, en busca de aire fresco y líquidos para el cuerpo. Esa sensación de familiaridad se hizo intensa en la Cuesta del Rosario delante de la Virgen de los Desamparados. Mirando desde el templete del Cristo del Amor hacia arriba, la visión fue la confirmación de que en esta cofradía salen más familiares de los nazarenos que penitentes en sí mismo. Como detalle, al que no me atrevo a calificar, toda una familia de más de diez miembros con dos chavales vestidos de nazarenos se hacían fotografías delante del palio. La de San Esteban es una cofradía muy familiar.

La Virgen de los Desamparados llegó al Salvador y allí sonó una vez Macarena de Abel Moreno, que también es de las marchas que más se escucha estos días por los rincones de la ciudad. Abel Moreno, para quien en su día reclamé un trono, sigue reinando en Sevilla. Hoy mismo recomiendo La Madrugá que le tocarán a la Virgen de la Caridad del Baratillo en el Alcázar. 

La tarde comenzó a derretirse en la puerta ojival de Omnium Sanctorum en la calle Feria. Al ver la cruz de guía dispuesta a comenzar la estación, fue inevitable recordar aquella ocasión en la que esa misma cruz se echó adelante a pesar de que la ciudad se anegaba con una densa cortina de agua. De aquella lluvia feroz a la ferocidad de un calor tórrido que obligó a los presentes dejar amplias zonas vacías, precisamente donde no alcanzaba la sombra. La saeta al Cristo de las Almas fue acogida de forma calurosa, no era para menos.

Por el Postigo del Aceite bajó el Cristo de la Buena Muerte. Habíamos alcanzado a ver la salida por la puerta principal del Rectorado de la Universidad y llegar a una calle San Fernando limpia de catenarias. Además de los estudiantes, una legión de niños vestidos de monaguillos camina delante de ambos pasos. Son futuros estudiantes que ya hacen el camino de la Buena Muerte. 

La tarde nos tenía reservado un regalo incomparable. Ayer pasearon por Sevilla dos señoras de belleza inigualable, la de la Encarnación y la del Dulce Nombre. Solo por ello, el Martes Santo es punto y aparte.




viernes, 3 de abril de 2015

Las mujeres del Cautivo

Como no puedo contarlo porque sucedió pasada la medianoche, debo contarles que me fui un año más a ver El Museo por el  Andén del Ayuntamiento, lo mismo que hacía cuando era un chiquillo. Todos los años el nazareno andante hace le propósito de cambiar los itinerarios, pero al final vuelve siempre a los mismos escenarios. Y cuando escucha Amarguras varias veces en la chicotá eterna delante de la Casa Mayor se siente reconfortado, piensa lo que se hubiera pedido si no asiste a la cita de todos los años y se promete que en otra ocasión habrá de acudir a ver otra cosa, por mucho que al final acabe siempre en el mismo sitio.  

La tarde nos llevó pronto al ver Santa Genoveva a la salida del Parque, el Cautivo por el foso de la Universidad y la Virgen perdida en la maleza del Parque. La cofradía a esas alturas marchaba desmantelada. El diputado de un tramo con tres o cuatro nazarenos, que portaban dos o tres cirios, se esforzaba para poner cordura al asunto: “Vamos a caminar con pausa, que media cofradía está en el servicio”.  La calle Palos de la Frontera es la cruz de esta cofradía. El Cautivo la cubrió en dos chicotás a marcha de tambores. Detrás del Señor caminan las mujeres, todas juntas, mirando al Cautivo. El calor africano les ha llenado la cara de sudor que se mezclan con lágrimas. Cien mujeres, y algunos hombres entre ellas, caminan detrás del Cautivo. No pierden la compostura ni necesitan desmantelar sus filas para ir al servicio. Reconozco a una de ellas, me mira y trata de esbozar una sonrisa. Me acerco y le pregunto cómo va la procesión. “Bien”, dice con voz entrecortada. Le pregunto si ha visto al Rey en la Plaza de España y contesta: “Mi Rey del Lunes Santo es el que llevo aquí delante”. Y sigue caminando detrás del Señor. 

Si mérito tiene la de Santa Genoveva, qué se puede decir de la del Polígono. Por la calle Tetuán se dirige a la Carrera Oficial el otro Cautivo de la tarde del Lunes, que también lleva mujeres detrás del misterio. La cuadrilla de Zambrano se esmera en lucirse, todo es un esfuerzo ímprobo, cuánto mérito tienen estas Hermandades de los barrios. 

Se puede llegar a ver el paso del misterio de la Redención delante de la capital de Los Panaderos en la calle Orfila. Es como una disputa de olivos. Dentro, en el misterio del Prendimiento, otro olivo contempla el paso del que lleva este misterio del Beso de Judas. Asoma la Virgen del Rocío por Laraña. Aún leva el manto sin bordar pero será por poco tiempo. El año venidero lucirá uno de estreno. La banda de Olivares de Las Nieves toca de seguido Virgen de los Negritos, de Pedro Morales, y Esperanza de Triana, de Farfán, es decir, canela pura en marchas procesionales.  

Ya en la Campana todo se vuelve intenso. En el palquillo está Felipe VI. Pasa la Virgen del Rocío. Canta Manolo Cuevas, el de Osuna, una saeta inmensa que finaliza con aquello de “y viene a verte hasta el Rey de España”. Todo se viene abajo. En medio de la algarabía pienso por dónde andarán ahora las mujeres del Cautivo. 

jueves, 2 de abril de 2015

La primera bulla

Todo es igual y nuevo al mismo tiempo. El Domingo de Ramos es el día en el que se estrena todo. Es un día con una mañana con sabor a vísperas. Al salir a la calla se visitan los templos de las cofradías que salen en el día y de camino se visitan otras hermandades. La puerta de la Magdalena es un avispero, no tanto como la plaza del Salvador. En San Juan de la Palma las colas no tienen final. 

En la mañana, camino de San Julián, es reconfortante cruzarte con Joaquín Caro Romero, pregonero y poeta de Sevilla. Ya en la Iglesia de donde sale la Hiniesta, antes de llegar hay escenas que solo se pueden entender en Sevilla. En la calle Moravia, un chaval está asomado a una ventana mientras del interior surge la marcha procesional. El niño es la imagen de la ilusión. Algunos nazarenos de túnicas azules ya caminan hacia la iglesia. El calor lo funde todo. El aire se ha vuelto denso. 

A prisas hay que salir para ver la salida de Jesús Despojado. Y se consigue en Molviedro por muy poco. El año pasado me chocó la tipo de marchas que acompañan al paso de misterio. Me parece que Alma de Dios no es lo más indicado para este paso. En la entrada en La Campana de nuevo sonó la marcha. En fin, doctores tiene la Hermandad.

En la Alameda sonó otra vez la misma marcha, ahora en la versión de la Agrupación del Arahal. No es mi marcha preferida, pero allí, junto a las columnas, fue todo diferente. En la Hiniesta, además, toca la banda del Carmen de Salteras tras el palio. Son palabras mayores.  

Entre la cofradía del Arenal y la de San Julián hubo un momento para ver la Paz ya pasado el parque de María Luisa. Da igual verla en cualquier sitio. La Paz te deja una sensación de tranquilidad espiritual como pocas lo consiguen. La Hermandad del Porvenir sueña con la coronación, que llegará pronto. 

Todo ocurre por primera vez, otra vez, cada Domingo de Ramos. Se supone que ya los itinerarios están bien aprendidos, pero el caminante se mete siempre en la misma bulla. Son esos tapones que nadie sabe muy bien por qué se forma y que se deshacen sin que llegues a enterar cuáles fueron los motivos del atasco. Es la bulla en la que te sientes extraño porque parece que eres el único que camina contra la corriente. Todos van en la dirección contraria a la que sigues, de forma que piensas que estás equivocado. 

Disuelta la masa humana, hubo tiempo antes de enjaretar estas impresiones para llegar a la esquina de Correduría con Conde de Torrejón para ver el milagro de la Amargura. Fue la segunda bulla del Domingo de Ramos, vivida de forma intencionada para ver pasas lo más señorial bajo palio de la tarde. Allí mismo volvió a sonar Amarguras, siempre tan nueva para servir de bálsamo a una tarde asfixiante de clima, gente y emociones. Todo ocurrió ayer por primera vez y fue como siempre. Sevilla tiene sus principios anclados en su gente. 

sábado, 19 de abril de 2014

Sevilla íntima para la esperanza

En la amanecida del Viernes Santo, cuando aún la bulla y la algarabía no han cesado, en la calle Zaragoza parece como si hubieran colocado una barrera para alejar a todo el que acuda con intenciones diferentes a la posibilidad de estremecerse con la llegada del Cristo del Calvario. Es otra parte de la Sevilla íntima que perdura, y que pensamos que perdurará. Nada altera la serenidad. Es verdad que todo está consumado. El Calvario avanza con el contraluz de un sol que ya empieza a abrirse paso en la oscuridad.
 
Esta Sevilla íntima, tan alejada de esa otra que está logrando que la Semana Santa ya no se parezca a lo que siempre ha sido, perdurará. Contra la impostura basta una cofradía con elegancia y seriedad en la calle. Nada más íntimo y revelador que todo el cortejo de la Carretería. Es como si a esas horas las masas dormitaran de la batalla de la noche, de forma que por el Arenal se citan los mismos de todos los años, porque saben que por mucho que vuelvan a comprobar como anda una cofradía nunca se cansarán de admirar tanta elegancia y compostura. La Carretería es el símbolo de una Sevilla que mantiene sus raíces. El sevillano, que ya lo sabe, presencia su recorrido con respeto. Nadie se atreve a levantar la voz, cuando hay masificación, como ocurre a la vuelta en Temprado, Dos de Mayo y Rodo, nadie osa interrumpir la esencia antigua y eterna de una cofradía señera. Esa misma noche del viernes, cuando vuelve la Mortaja por Bustos Tavera, Sevilla acude a ser testigo de un rito no por muchas veces contemplado menos sobrecogedor. 
 
El Sábado Santo a primeras horas de la tarde le regala a la parroquia cofrade la salida de la cofradía de Los Servitas. La calle Dueñas y Santa Ángela son el escenario perfecto de la intimidad cofrade en su más pura esencia. No cabe ninguna destemplanza. El paso de la Piedad con Nuestra Señora de los Dolores camina a sones de Amarguras, en honor a la señora de San Juan de la Palma, que está allí muy cerca, mientras en el ambiente se oyen las respiraciones. Nada altera la paz profunda. Todos respetan el silencio fúnebre.
 
Y de pronto, hay que correr a ver a la Cofradía de El Sol. Si la tarde tiene tintes solemnes y de recogimiento, El Sol le imprime un carácter de verdad  y originalidad. Ese Cristo agarrado a su cruz es una llamada a la reflexión. Las túnicas de capa de ruán verde, únicas en la Semana Santa, anteceden a un palio con San Juan y la Magdalena y una Virgen del Sol ribeteada por los rayos del astro rey. Los respiraderos y varales de madera de cedro también son un motivo para recordar que no solo de plata deben vivir las cofradías. Entre los naranjos de las calles aledañas a la Plaza Nueva, con humildad, se dejó ver esta Hermandad del Plantinar.
 
Todo acaba. El cierre con la Soledad de San Lorenzo también nos mueve a pensar que todo no está perdido. El llanto de la madre en el día del luto por su hijo llegó a todos los rincones. Sevilla, la de siempre, tiene argumentos para que esta Semana Grande conserve sus valores eternos, que no están reñidos con la innovación.

viernes, 18 de abril de 2014

La suprema armonía de la Victoria

Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol… Ayer fue uno de ellos, Jueves Santo, lo que quiere decir que la Virgen de la Victoria salió a la calle de nuevo para recordarnos lo que es la perfección en un paso de palio. Todo es armonía, la Virgen y el paso. No hay nada mejor conjuntado en toda la Semana Santa. Es la imagen de la dolorosa un prodigio de naturalidad en la tristeza; es un canto a la belleza en la pena honda; es la mejor expresión de cómo podríamos imaginarnos a una madre a la que le han crucificado a un hijo. No cabe más serenidad en el lamento. Son sus ojos llorosos, su gesto desconsolado, su barbilla recortada, todo en la Victoria es perfecto.
 
Su salida a las calles de su barrio debería concitar una multitud para admirarla, Pero camina muy sola. Es cierto que el marco es poco agradable; ese puente de San Telmo y el Paseo de Colon no se hicieron para las cofradías. También el calor limpió la calle y dejó solo a los que tenían que estar para verla caminar hacia la Catedral. Muchos turistas y cuatro sevillanos que saben lo que encierra ese palio. Es la Virgen, claro está, pero la han rodeado de los adornos justos: un tocado de encajes que no tapa su belleza, una corona sin alardes, un rosario en sus manos, la candelería precisa sin velas rizadas y un palio de cajón que se mueve como llevado por los ángeles del cielo.
 
Muy sola caminaba por el puente, cuarenta grados al sol, pero con la frialdad de la ausencia de un barrio que no sabe lo que habita en la capilla de la Fábrica de Tabacos. No había sol terrible que le hiciera sombra, ni siquiera ese absurdo abandono de los que deberían estar a su lado, cuando la imagen comenzó a cimbrearse al final de San Telmo. Más de quince minutos estuvo parada cerca de la Torre del Oro hasta encajarla de nuevo. Nada importa cuando uno de esos palios que justifican toda una semana camina por las calles de Sevilla en su estación de penitencia. No le hace falta ninguna corona, ella misma lo llena todo con su presencia, no importa que el escenario del puente o la calzada amplia sea tan adverso, es la Victoria de Las Cigarreras, una obra divina a la que Sevilla le regaló el trono ideal para dejar sin respiración a quienes acuden a verla como el mejor sol del Jueves Santo.
 
La tarde estuvo marcada por el calor. Lo sufrieron con mayor intensidad los Negritos y la Exaltación, las primeras en poner sus pasos en la calle. El guión estaba escrito. Niños, padres, carritos, sillitas, agua y sudor hasta que el sol bajó para perderse por el Aljarafe. En Las Cigarreras se doblaron los cirios. El desajuste de la Virgen de la Victoria, me contaron, fue debido a la dilatación de las juntas de sujeción.
 
La Semana Santa de cada sevillano se llena de momentos mágicos. Cada uno cuenta el suyo como el ‘no va más’. En la noche del Miércoles Santo, junto a las murallas del Alcázar, viví uno de ellos. Ocurrió al paso de la Caridad del Baratillo a los sones de La ‘Madrugá’ de Abel Moreno, tocada por la banda del Carmen de Salteras. Es difícil encontrar algo más redondo. Fue mi momento mágico.